El parrayos fue inventado por Benjamín
Franklin en su estancia en Francia, en 1752, hizo el famoso experimento
de la cometa que le permitió demostrar que las nubes están
cargadas de electricidad y que, entonces, los rayos son descargas
de tipo eléctrico.
El cientifico observó una descarga producida
por una botella: era una chispa y un chasquido con una increíble
semejanza a un rayo y el trueno, solo que a menor escala. |
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¿Podía
el cielo y la tierra comportarse como una botella de Lyden que se
descarga a través de los rayos? Para averiguarlo planeó
un experimento. Remontó un barrilete en una tormenta. El
hilo mojado para conducir la electricidad, el barrilete con una
punta metálica y una llave cerca del extremo que sostenía
Franklin. Él sujetaba todo con un tramo de hilo seco.
La llave se cargó eléctricamente y soltaba chispas
al acercársele la mano. Las fibras del hilo se erizaban por
la estática, y hasta pudo cargar así una botella de
Lyden. |
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No había caído ningún
rayo sobre la cometa, sino que manifestaba una corriente, fruto
de la diferencia de tensión entre el cielo y la tierra.
Había demostrado que tanto las descargas que se producían
en una botella de Lyden como las de una tormenta eran fenómenos
de la misma naturaleza.
En 1752 Benjamín Franklin publicó en
su famoso Almanaque del Pobre Richard (Poor Richard's Alamnac)
una aplicación interesante para este fenómeno. Propuso
la idea de utilizar el efecto punta (que descargaba rápidamente
una botella de Lyden) para protegernos de la caída de los
rayos. Nacía así
el pararrayos. |
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Al año siguiente (1753) el ruso Georg Wilhem Richmann,
trabajó sobre la idea de Franklin disponiendo una varilla para
la captura de rayos. Pero no fue tan afortunado como su colega norteamericano
(Franklin) y murió al recibir una descarga. Es el riesgo de los
que exploran en el límite de lo conocido.
Las cargas alrededor de un conductor no se distribuyen
uniformemente. Se acumulan más en las partes más afiladas,
y si se trata de curvas, se agrupan del lado convexo y en mayor cantidad
cuanto más cerrada la curva.
Esta propiedad fue aprovechada por Benjamín Franklin
para diseñar su pararrayos. Usando puntas se logra acumular rápidamente
la carga, y éstas al apiñarse tanto vencen con facilidad
la resistencia del aire. Estando tan juntas se rechazan unas a otras y
entonces salen disparadas. Si se carga estáticamente un clavo o
aguja, las cargas se escaparán por la punta, y lo harán
tan violentamente que generarán una especie de viento llamado viento
eléctrico, capaz de mover la llama de una vela o hacer volar polvo
de tiza. Ese viento no es más que una fuga de cargas.
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